Hábito es uno de mis refugios tejidos. En el proceso de hacer nudos con mis manos y una aguja desenredo muchas de mis sensaciones y algunos de mis pensamientos. Naturalmente tejo casitas por que quisiera parecerme a los pájaros que construyen sus nidos como si fueran abuelas tejedoras. Esta casita está hecha en hilo plástico verde de polipropileno, el mismo que rodea las construcciones de grandes edificios y que da señales del supuesto desarrollo, o tal vez subdesarrollo de nuestra ciudad. Durante cuarentena me vine por un tiempo a Bogotá a visitar a mi familia enjaulada en una de las casas citadinas: unas encima de las otras, todas permanentemente espichadas y sin aire fresco. Estando en la ciudad siempre me ha ahogado la sensación de que vivimos encerrados, pero no poder cruzar la puerta de la casa sin el olor a cloro en los zapatos ya parece cruel. Para mí sólo había una manera de sobrevivir el encierro citadino: tejiéndolo. Cada casa tejida es distinta a la otra: los materiales, las dimensiones, las puertas y ventanas cambian según los distintos sentires del habitar ese nuevo lugar. Construir casas siempre es un acto espejo de la construcción de nuestro ser. Tejer una morada rodeada de edificios y sólo viendo un fragmento de nuestras montañas le dio nuevas características, pues estaba tejiendo mi propio encierro.

2020

Hábito is one of my woven shelters. In the process of tying knots with my hands and a needle I untangle many of my feelings and some of my thoughts. I weave little houses because I feel like bird weaving its nest. This little house is made of green polypropylene plastic thread, the same that surrounds the constructions of large buildings and that gives signs of the supposed development, or perhaps underdevelopment of our city. During my quarantine I came to Bogota for a while to visit my family caged in one of the city houses: one on top of the other, without fresh air. When I am in the city y feel locked up, but not being able to walk through the door without the smell of chlorine on my shoes seems cruel. For me there was only one way to survive the city lockdown: by weaving it. Each woven house is different from the other: the materials, the dimensions, the doors and the windows change according to the different feelings of living in this new place. Building houses is always a mirror act of the construction of our being. Weaving a house surrounded by buildings and only seeing a fragment of our mountains gave it new characteristics, as I was weaving my own enclosure.

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